Página dedicada a mi madre, julio de 2020

PENSAMIENTOS DE RIQUET

I

     Los hombres, los animales, las piedras crecen conforme se acercan y se hacen enormes cuando están sobre mí. Yo, no. Yo permanezco siempre igual de grande dondequiera que esté.

II

     Cuando mi dueño me tiende bajo la mesa su comida, la que va a llevarse a la boca, es para tentarme y castigarme si sucumbo a la tentación. Pues no puedo creer que se prive de ello por mí.

III

     El olor de los perros es delicioso.

IV

     Mi dueño me da calor cuando me tiendo detrás de él en su sillón. Y ello proviene de que él es un dios. Hay también delante de la chimenea una losa cálida. Esta losa es divina.

V

     Hablo cuando quiero. De la boca de mi dueño también salen sonidos que forman un sentido. Pero esos sentidos son mucho menos claros que los que yo expreso con los sonidos de mi voz. En mi boca todo tiene un sentido. En la de mi dueño hay muchos ruidos vanos. Es difícil y necesario adivinar el pensamiento de mi dueño.

VI

     Comer es bueno. Haber comido es mejor. Pues el enemigo que os espía para coger vuestra comida es rápido y sutil.

VII

     Todo pasa y se sucede. Yo solo permanezco.

VIII

     Estoy siempre en medio de todo, y los hombres, los animales y las cosas se ordenan, hostiles o favorables, a mi alrededor.

IX

     En el sueño vemos hombres, perros, casas, árboles, formas amables y formas terribles. Y cuando despertamos, esas formas han desaparecido.

X

     Meditación. Amo a mi dueño Bergeret porque es poderoso y terrible.

XI

     Una acción por la que nos han golpeado es una mala acción. Una acción por la que hemos recibido caricias o comida es una buena acción.

XII

     Cuando llega la noche, poderes malhechores merodean alrededor de la casa. Yo ladro para que mi dueño, advertido, los expulse.

XIII

     Oración. Oh mi dueño Bergeret, dios de la matanza, yo te adoro. ¡Terrible, alabado seas! ¡Seas alabado, favorable! Yo trepo a tus pies; te lamo las manos. Eres grande y hermoso cuando devoras, delante de la mesa puesta, carnes abundantes. Eres grande y hermoso cuando, al hacer que surja la llama con un simple estallido de madera, cambias la noche por el día. Guárdame en tu casa con exclusión de cualquier otro perro. Y tú, Angélica, la cocinera, divinidad muy buena y muy grande, te temo y te venero con el fin de que me des mucho de comer.

XIV

     Un perro que no tiene piedad de los hombres y que desprecia los fetiches reunidos en la casa del dueño lleva una vida errante y miserable.

XV

     Un día, una jarra agujereada, llena de agua, que cruzaba el salón, mojó el suelo encerado. Creo que a esa jarra indecente le pegaron en el culo.

XVI

     Los hombres ejercen este poder divino de abrir todas las puertas. Yo no puedo abrir sino un pequeño número. Las puertas son grandes fetiches que no obedecen a gusto a los perros.

XVII

     La vida de un perro está llena de peligros. Y para evitar el sufrimiento, hay que vigilar siempre, durante las comidas, e incluso durante el sueño.

XVIII

     Nunca se sabe si se ha actuado bien con los hombres. Es necesario adorarlos sin intentar comprenderlos. Su sabiduría es misteriosa.

XIX.

     Invocación. Oh Miedo, Miedo augusto y materno, Miedo santo y saludable, penetra en mí, lléname en el peligro, para evitar lo que podría dañarme, y con el temor de que, al arrojarme sobre un enemigo, pueda sufrir con mi imprudencia.

XX

     Hay coches que los caballos arrastran por las calles. Estos son terribles. Hay coches que van solos y bocinan muy fuerte. Estos también están llenos de enemistad. Los hombres andrajosos son odiosos, y también los que llevan cestas en las cabezas y los que ruedan toneles. Yo no amo a los niños que, buscándose o huyendo, corren y dan grandes gritos en las calles. El mundo está lleno de cosas hostiles y temibles.

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