Página dedicada a mi madre, julio de 2020

VI. TENGO DOS CUERPOS

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«Heme aquí aún en mi prisión, señora.»
Gérard DE NERVAL

Existe, distinta del cuerpo, una superficie viva; recibe al «estímulo», signo que hace sentir; el estímulo, grano o fragmento de energía.

Aproximadamente como una raqueta que recibe la pelota en su red. Pero aquí la pelota no es sólida (es energía): se diría que el estímulo es una burbuja. Y la superficie no la devuelve: la amasa. En su red, anillo tras anillo, las pelotas sutiles de la misma forma que envía el mundo se quedan. Lo inasible se detiene ahí.

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Esta red no es extraña, está en todas partes. La molécula la expone apenas la miras en el curso de química, en una pizarra negra.

Los astros.

Los cristales.

Parece que la materia pasa su tiempo esbozándola. Prueba; – ¿es esto?, ¿es esto?

«¿Estoy ahí, en fin, hermana?»

Dibuja la red nerviosa al fin.

Más lejos, aún más lejos. Algo muy fino…

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– ¡No compre la verdad con cheques sin fondo! ¿Quién le ha dado esa red?, ¿de qué modo la tiene?

¡Ah!, ¡cuento de aprendiz!, hace lo mismo que esos señores; introduce términos gratuitos.

– Red porque circuito.

Cuando estamos en el espacio y en el tiempo, nos las arreglamos como podemos.

El estímulo-signo es movimiento; tiene su propia forma; miles y miles de dibujos entre los que no hay variaciones; – su variedad desafía. Cada uno cae sobre su semejante y lo agrava un poco. Pero su semejante no está en otra parte (se ha perdido) distinta a YO.

Dibuje eso en la pared – una malla.

Por lo demás, cada vez es más difícil recordar a propósito de qué se ha pronunciado una palabra histórica: «Te haré pescador de hombres.»

El secreto del mundo quizás esté en un calembur.

Platón lo situaba ahí.

Llamaremos a esta superficie: el alma; no hay que tenerles miedo a las palabras.

Tiene la masa más considerable posible (el ingeniero comprende) como cuerpo, cuyos constituyentes no son elementos de materia, ni cuerpo visible, sino elementos de energía; pues su cuerpo asimila la energía como el cuerpo visible asimila la materia, y, como el cuerpo, la edifica en redes. Piel de alma…

– «¡LA PIEL!»

– ¿Quién ha hablado? No es Fausto…

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«No debemos admitir más causas de las cosas naturales que las que son a la vez ciertas y suficientes para explicar sus apariencias.
… y es tanto «más» vano, cuanto «menos» bastaría, pues la Naturaleza se complace con la simplicidad, y no le gusta nada la pompa de las causas superfluas.»
NEWTON, Principia.

Te pido perdón, ser vivo que vienes de mí. No tengo tiempo para acabar tu libro; el viaje me obliga. El cuerpo se vuelve extraño y quiere llevarme. Es necesario que te deje tan estúpido como después del curso del viejo tipejo, ¡y solo has ganado una Masa, que es una Piel!

¿Me leerás tú mismo, futuro mío? Te arrojo las hojas, voy a partir; una botella en el agua; un secreto del mundo en quinientas palabras.

El libro se revuelve débilmente en el curso del tiempo, nadie lo coge.

En fin, surges, pero estás en otra parte, llevas en triunfo el peso de mis días a algunos amores… Y si el gran fuego que viene del pasado, oh querido mío, pudiera herirte; si lo que fui fuera un momento para tu desesperación «lo que hay que saber» – el libro afligido se hundiría en los confines de una eternidad; el editor bloqueado, lo imprimido apiñado, pero no con honor, no leído, no cortado, bajo unas revistas.

¿Habrías llegado hasta el final? El camino pasaba por la física, ahí casi no se ve… había puesto cintas por todos lados… la física no tiene la voz de Perrault… no entiendes ya… curvas la espalda…

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Es por el hecho de que el fenómeno de la Sensación implica dos espacios, y de que los investigadores no saben de cuál hablan, y de que, al medir uno solo, creen que lo miden todo, – por lo que el problema está sin resolver.

Habrá espacio de la sensación bruta (¡dzing!, ¡ay!, ¡oh!)

Y el espacio de la magia (re bemol, rosa, salado).

Esos espacios no solo existen en mí (los investigadores los llaman «cuerpo» y «conciencia», siempre intentando fuertemente reducir el segundo al primero) – sino que existen en el origen del signo, y es esto el hecho revolucionario cuyo conocimiento se le debe al señor de Broglie.

Están inextricablemente imbricados. Es posible subir del espacio de la sensación bruta en mí a su espacio de origen fuera de mí; por ejemplo, una cierta estimulación del nervio del ojo viene de una cierta vibración electro-magnética. Esta relación se señala, y una enorme observación sobreviene: la psicología se contenta con ella. Lo que ella llama «sensación» es eso que no es sino la mitad de una… y que, incluso, no es, humanamente, totalmente una. ¡Pum en el ojo, oh!, boom o dzing no son «sensaciones». Esta palabra significa siempre y sobre todo el otro espacio asociado, la imbricación no explicada: rojo, amargo, do mayor…

El otro espacio que el gran espacio del movimiento material lleva como una flor…

Lo cierto imperceptible electro-magnético fuera de usted, pum en el nervio óptico, lleva el «color».

Pues bien, hay que observar mucho tiempo y no olvidar nunca esto: los psicólogos o sabios que se han ocupado de las sensaciones – no hay ni una excepción, ni una sola, – siempre han admitido que era lo no cualificado, – el asalto – lo que se volvía en el ser vivo, cualificado, cantante.

Ni uno de estos investigadores ha formulado la hipótesis de que pudiera haber ahí dos especies de estímulos para dos especies de emoción sensual absolutamente diferentes. Ni uno solo se ha dicho que el asalto que causa la resonancia sorda y ciega, del tipo nervio de rana, no era – ¿es asalto? – lo que causaba la música, el perfume, el color. Ni uno ha imaginado que a dos emociones del cuerpo, les correspondían quizás dos espacios exteriores.

¡Colega! ¡Colega! ¡El psicólogo ha leído hasta aquí!

Guiando a la dama, atropellando el sentido común, transportando al recién nacido, está en mecánica ondulatoria.

Nada que no emita fuera de sí mismo su anillo extremo…

Escucha: hay dos tipos de anillos, en los movimientos periódicos. Está la onda ponderable, – la que acabas de llamar asalto, la que se mide fácilmente puesto que es la acción de corpúsculos masivos. Y está la onda imponderable, la que se encuentra en los cálculos del señor de Broglie (él en principio). Se le llama también onda de fase y en alemán Materienwelle.

Te propongo esto: solo es una proposición; a la onda ponderable le corresponderá toda sensación.

Sensación bruta. La del nervio de rana estimulado, el espasmo.

A la onda imponderable le corresponderá toda sensación mágica – el canto: lo rojo, lo sonoro, lo azucarado.

Hay que hacer una diferencia de orden entre el sentir bruto y el sentir la cualidad. Hay que quitarle la Masa a la cualidad. Pues la cualidad es sin masa, razón única y suficiente de la derrota de la psicología.

No hay ninguna dificultad en reconocerlo si se es físico: todos aceptan la onda inmaterial: aceptarán, pues, su efecto.

Sí, – ¿su efecto sobre qué?

Sobre qué.

¡Aquí estás, pues, Rostro sin figura!

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«Mi fuerte es el apóstrofe, y apenas hablo de otro modo, nunca digo: Nicole, tráeme las pantuflas; sino que digo: ¡Oh, pantuflas, y tú, Nicole, y tú!»
Paul-Louis COURIER.

¿Cuáles eran los peldaños de esta escalera?

Primer peldaño: cualquier cosa no es percibida.

Es necesario que cualquiera sea bastante grande. ¿Grande como qué? Fechner lo ha buscado. En vano; en vano 24.576 experiencias. ¡Ese poquito!, ese santo Fechner. No sabía que se trataba de miles de millones; no sabía que era necesario contar detrás de él. Creía, como se cree aún, como creen aún el hombre de la calle y el de la Facultad de Montpellier, que si cualquiera es demasiado débil, no pasa, no franquea el umbral sensible de usted, no pica, no quema, no le pesa, no le canta; no le alcanza allí donde está, intacto y sordo. Pero es un pequeñísimo que pica, que quema, que canta, que pesa, sin embargo…

Ahora bien, ¡eso no es sonido!, ¡eso no es luz! Es n vibraciones-segundo. ¡Eso no es el olor! Es movimiento, que es un número. El signo puro.

Y además, no es porque sea demasiado débil por lo que eso se queda fuera, niño mío. Sino porque está demasiado solo. Cuando no sientes, es porque nada hay en ti para recibir este instante, niño mío.

Nada semejante.

El sentido común y el profesor de Montpellier no han dejado nunca de confundir la acción del objeto fuera del cuerpo y su acción en el cuerpo. Si fuera la misma, no habría sino una realidad y sería indiscutible: pero no es la misma, lo que hace, al menos, dos realidades; y tres, si contamos al sujeto; he aquí de lo que hablar.

1) Existen ciertamente acciones del Universo en mí: son calientes, frías, rojas y azules.

2) Ciertamente existen fuera de mí, desgraciadamente sin cualidad. ¡No sin belleza! Belleza totalmente austera, belleza que solo tiene como amantes a estos señores de los laboratorios que hacen el amor con el universo; belleza sin color, sin olor, no sin movimiento, no sin medida; acciones mudas y negras, pero no sin forma: danza. El universo fuera de mí, el danzarín desconocido…

(¿Delante de quién baila?, ¿delante de Dios?)

3) Y luego, yo.

Entonces, EL OBJETO en actividad, – es la causa de la cruel incertidumbre de los pensadores, – es dos veces y muy diferentemente «lo real»: es el universo no preparado, y el universo preparado; o el universo igual, y el universo desigual; o la ecuación, y lo azul-azucarado-do-sostenido-agudo.

A este, puedo decir que lo agravo (¡súbete encima!) o lo adorno; en verdad, me revisto de él. Este largo vestido de naturaleza, PIEL DE ALMA… Entro dentro, y LAS COSAS SON. Los sabios no se ponen la piel de alma; tienen, pues, el universo inodoro, incoloro, sin perspectiva, este error, sin significado, este desprecio; – el nuevo universo no amasado, el universo sin sentido. Precisamente el Objeto Puro que el surrealismo quiere alcanzar como si este objeto pudiera pasar por los sentidos sin dejar de ser número, ser puro, pues.

Con el número discontinuo he hecho el continuo sentido cuyo nombre simple es «cualidad».

Amasándolo – ¿en qué?

Fundiéndolo – ¿en mí?

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Segundo peldaño. ¿Qué diferencia precisa hay entre el Universo fuera de mí y el Universo en mí?

Esta: fuera de mí es instantáneo. En mí, infinito. Es así como toma un valor infinito. En mí, es solo el instante, pero todos los instantes precedentes pasados. En mí no hay universo instantáneo: el universo instantáneo no pasa el umbral de la conciencia, aunque haga el ruido de la trompeta de Jericó.

Este es su error, señor Foucault. (Eres tú quien lo has nombrado.) El universo instantáneo no entra en casa del señor Langevin, del señor Perrin, del señor Brillouin, del señor Schrödinger, del señor de Broglie, del señor Eddington, mi amigo. ¿Y a qué precio?

Al precio de una renuncia ri-gu-ro-sa-men-te inhumana; renuncian al Antes. La comunión de los sabios renuncia a la sucesión de los seres vivos.

La ciencia y solo la ciencia alcanza un objeto puro: pero ha comprado esa Realidad más extrema en la única cima que puede permitirle existir – la cima del pasado.

Entonces, es una Realidad-papel.

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«El tiempo es un tesoro más grande de lo que se pueda creer.»
CORNEILLE

No obstante, no había habido filósofo para descubrir que la definición del presente era la imperceptibilidad.

He aquí un texto:

… «lo que el señor Bergson llama percepción pura… la que tendría un ser situado donde estoy, viviendo como vivo, pero absorto en el presente, y capaz, por la eliminación de la memoria bajo todas sus formas, de obtener de la materia una visión a la vez inmediata e instantánea.»

El señor Brunschvicg, temiendo sin duda lo que la hipótesis que traía tenía de asombroso, comenzaba declarando que una percepción tal «existía por derecho más que en la realidad.» [Esta frase es de Bergson, no de Brunschvicg] ¡Y cómo! El señor Brunschvicg se daba a Adán. Eso para la realidad. Para el derecho… para el derecho, se le quita.

No hay percepción donde no hay masa resonante, y la masa es tiempo. No limpiamos la percepción de tiempo sin destruirla. Lo real totalmente puro, lo real más verdadero, lo real todo limpio, lo que es real allí, (¡Oh!, ¡qué hermoso es, señor, lo real sin historia!) no lo tendrá. Nadie ha recibido nunca el presente – solo el instrumento del laboratorio.

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«… Therefore, on every morrow, are we wreathing
A flowery band to bind us to the earth…»
KEATS

¡Abre los ojos!, para que este árbol exista son necesarios en tu mirada los árboles de antes. Tienen hojas en sus hojas, siglos de primavera. ¡Oh, fortuna hecha cuerpo!

Pero Sócrates, a punto de morir, hablaba de su cuerpo y no lo amaba. Hablaba de sus sentidos: «Verlo, entenderlo», decía, «esas cosas que solo duran un día…»

¡Abre los ojos! Ayer reverdece en el día.

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«Inventaron lo instantáneo psíquico.»
André LHOTE

Me admiro en la naturaleza. ¡Qué hermoso soy!

He hecho estos árboles con mis miradas: heme aquí, heme aquí. ¡Me! ¡Me!, adsum qui feci. ¡Qué arte!

Esto se ha tomado algún tiempo, evidentemente, pero el resultado está ahí. ¿Por qué percibiría yo el presente? ¿Qué les pasa, pues, a todos, al querer percibir el presente? El presente no es hermoso: es la vibración de frecuencia n. Prefiero el COLOR a ese número agitado.

¡Qué hermosa es mi alma, verde en este laurel!

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Y de pronto la posteridad de Berkeley, de Malebranche, de Kant, sabía lo que decía.

Estos pensadores que prueban tan bien que el universo es proyectado por nosotros, he aquí que tenían razón, equivocándose, y volvían a caer en algo.

Era verdad: el sujeto componía el universo. Solo, quedaba Todo. Quedaba el imperceptible Presente Puro; el número sin pasado, el Todo inocente, la diversión de los sabios, TODO, ese juguete. Quedaba el movimiento inmediato de algún desconocido pródigo.

El resto éramos nosotros, era usted; los oropeles, el arco iris…

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¡Alma! ¡Alma!, ¡sorpresa necesaria!
¡Oh, el más cercano de mis cuerpos!
¡Oh, todo mi bien amasado en la tierra!
¡Oh, el más estrecho de mis cuerpos!
¡Oh, mi atención!
¡Oh, mi distracción!
Oh, mi fidelidad.

¿Qué es lo más delicado que hay en el mundo?
¿Qué es lo más antiguo que hay?
¿Qué vuelve sólido al mundo si es transparente?
¿Qué es permanente si no es nada?

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«Keiner aber fasset
Allein Gott.»
«¡Pero nadie solo coge a Dios!»
HÖLDERLIN

Pero las respuestas en este camino eran más extrañas que las preguntas.

¿Por qué hay que acumular signo tras signo, movimiento tras movimiento del mundo, hasta un nivel que alcance el valor que no tenemos? ¿Por qué no se coge la unidad de signo que Taine buscaba? ¿Por qué es tan profunda la distancia entre usted y el mundo, de modo que no basta un impulso de su tiempo para colmarla? Y si todo el pasado no tiene oídos, ¿por qué solo nos queda gritar? Y si está sin Antes, ¿cómo es que ninguno de sus instantes viene a ras del día? ¿Quién ha recibido un instante puro?

Si no hubiera un umbral del sentir, ningún movimiento del mundo tendría que despertar ningún pasado, para crecer. El umbral ordena este crecimiento: y la existencia del umbral sensible parece depender de la muerte.

El umbral es función de la muerte que ha permitido la ruptura de lo Único en Innumerables. El umbral expone el pasado: es la línea detrás de la cual se preservan algunos innumerables.

Una sensibilidad sin umbral, que sería igual al instante, ¿sería de un Único Ser Vivo? Es exactamente este personaje enorme con el que todo instante se mide (como si alguna de sus partes que vive fuese demasiado débil para hacer por sí misma lo rojo o el olor de una rosa). Pues un ser vivo no es sino una fracción de la Unidad desaparecida o imposible: el resto, que perfeccionaría la Suma, espera, enredada en la vida: y lo que el instante toca, es lo entero. Así lo humano considerable que ya no es Uno solo en el espacio se encuentra ante un olor.

El instante, gusto en la boca, tela bajo la mano, el instante que arrojarles a las sombras, ¿dónde disuelve, y no es en la boca?, ¿qué toca, y no es la mano?… La física y la química lo rechazan; sin embargo, es captado. (¡Abre los ojos!, tiende ante ti tu velo de mundos que atrapa al número agitado.)

Y el velo detiene el movimiento, y ovilla y ensarta y amasa movimiento, hilo de movimiento en que se coge la alegría, donde se hunde el dolor. Creemos que recogemos con los sentidos, pero estos no están verdaderamente animados más que por la red del pasado: se lo arrojas todo, el instante-olor, el instante-grito, el instante-gusto.

Prosigues hacia otros besos, lo has olvidado; no verás ya, no oirás ya, no cogerás ya más que a través de los sonidos, de las miradas, de los contactos perdidos.

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Tengo dos cuerpos, CARNE-Y-SANGRE y PENA-Y-PLACER: CARNE-Y-SANGRE es un durmiente, PENA-Y-PLACER es como un grito; son siempre inseparables.

CARNE-Y-SANGRE es carburo de hidrógeno con tres grandes moléculas. PENA-Y-PLACER es tan delicado, que Lucrecio le hizo un poema. Todo el mundo le habla a CARNE-Y-SANGRE, yo solo le hablo a PENA-Y-PLACER.

CARNE-Y-SANGRE parece persistir, pero sigue la segunda ley de la termodinámica, y acaba mal. PENA-Y-PLACER parece anularse a la velocidad de la esfera de segundos, y tiene la inmortalidad.

Dejaré un día a CARNE-Y-SANGRE, llevado por PENA-Y-PLACER. Pero ¿hacia dónde, Virgen soberana?

Pero ¿qué hacer para preservarme de los azares de la eternidad?

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NOTA FINAL:

El mismo año de la muerte de Catherine Pozzi, también María Zambrano comienza a dedicar parte de su reflexión al tema del sentir y del alma, y anotará el punto intermedio (de conjunción) que estos ocupan entre la persona y la realidad externa a ella: «Entre el yo y el fuera de la naturaleza se interpone lo que llamamos alma» (en «Hacia un saber sobre el alma», Revista de Occidente, 1934).

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