Página dedicada a mi madre, julio de 2020

XIII. LA TARDE DEL DÍA DE FIESTA

   Dulce y clara es la noche y sin viento,
Y quieta sobre tejados y huertos,
Descansa la luna, y a lo lejos muestra
Serenas las montañas. Oh, mujer mía,
Ya callan los senderos, y por los balcones
Rara brilla la nocturna lámpara:
Tú duermes, pues te acogió sueño suave
En tus sosegadas estancias; y no te angustia
Afán alguno; y ya no sabes ni piensas
Cuánta llaga me abriste en el pecho.                                  
Tú duermes; yo a este cielo, que tan benigno
Se muestra a la vista, a saludar me asomo,                                                      
Y a la antigua naturaleza todopoderosa,                                            
Que me destinó al afán. «A ti la esperanza
Te niego, me dijo, aun la esperanza;
Y que brillen tus ojos solo de llanto».                                    
Este día fue solemne; de las diversiones
Reposas ahora; y quizás recuerdes
En sueños a cuántos gustaste y cuántos
Te gustaron: no, no es que yo espere
Acudir a tu mente. Mientras, me pregunto
Cuánto por vivir me queda, y en el suelo
Me arrojo y grito y tiemblo. ¡Oh, días terribles,
En tan verde edad! Ay, por el camino
Oigo cercano el solitario canto
Del artesano que vuelve a alta noche,
Tras la fiesta, a su pobre albergue;
Y cruelmente se me encoge el corazón,
Al pensar que en el mundo todo pasa,
Y apenas deja huella. Ya ha huido                                                         
El día de fiesta, y al día festivo el día                                    
Vulgar sucede, y se lleva el tiempo       
Todo acto humano. ¿Dónde está ahora el sonido                                          
De esos pueblos antiguos?, ¿dónde el grito
De nuestros antepasados famosos,   
Y el gran Imperio de Roma, y las armas,
Y el fragor que cruzaron mar y tierra?                                                 
Todo es paz y silencio, y descansa                                        
Todo el mundo, y más de ellos no se habla.
En mi primera edad, cuando se espera
Con ansia el día de fiesta, apenas este
Se apagaba, yo, afligido, en vela,
Yacía en el lecho; y en la alta noche
Un canto que se oía por los senderos
Morir poco a poco al alejarse,
Ya igualmente me oprimía el pecho

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