Página dedicada a mi madre, julio de 2020

IV. PROPUESTA DE PREMIOS HECHA POR LA ACADEMIA DE LOS SILÓGRAFOS [13]

La Academia de los silógrafos,[14] pendiente continuamente, de acuerdo con su principal propósito, de procurar con todo su esfuerzo la utilidad común, y pensando que ninguna se adecuaría más a este que ayudar a promover las andanzas y las inclinaciones

                         Del afortunado siglo en que estamos,

como dice un poeta ilustre,[15] ha comenzado a considerar diligentemente las cualidades y la índole de nuestro tiempo y, después de largo y maduro examen, ha resuelto que puede llamarlo la edad de las máquinas, no solo porque los hombres de hoy día se comportan y viven quizás de un modo más mecánico que todos sus precedentes, sino incluso por respeto al grandísimo número de máquinas inventadas y fabricadas hace poco o que cada día se encuentran y se fabrican para tantas y tan variadas actividades, de modo que, ahora, se puede decir, son las máquinas y no los hombres las que se ocupan de las cosas humanas y hacen los trabajos de la vida. De ello, la nombrada Academia recibe sumo placer, no tanto por las comodidades manifiestas que se derivan, como por dos consideraciones que encuentra importantísimas, aunque comúnmente no sean advertidas. Una es que confía en que, conforme transcurra el tiempo, las aplicaciones y los usos de las máquinas deberán llegar a englobar además de las cosas materiales, las espirituales, por lo cual, del mismo modo que por virtud de esas máquinas ya nos liberamos y nos aseguramos de las ofensas de los rayos y de los granizos, y de muchos males y temores semejantes, poco a poco se inventará, a modo de ejemplo (y nótese la novedad de los términos), algún paraenvidia, algún paracalumnias o paraperfidia o parafraudes, algún hilo de salud u otro artificio que nos libere del egoísmo, del predominio de la mediocridad, de la próspera fortuna de insensatos, sinvergüenzas y viles; del universal desamparo y de la miseria de los sabios, los bien educados y los magnánimos, y de los demás fastidios que, desde hace bastantes siglos, son más inevitables de lo que lo fueran, en otro tiempo, los efectos de rayos y granizos. La otra y principal razón es que, ante la desesperación de los mejores filósofos, que no pueden remediar los defectos del género humano, pues son, como se cree, más y mayores que las virtudes, y ante su convicción de que es más fácil rehacerlo por completo de acuerdo con un nuevo modelo o sustituirlo por otro, antes que enmendarlo, la Academia de los Silógrafos piensa que es oportunísimo que los hombres se aparten de los negocios de la vida cuanto sea posible y que, poco a poco, den entrada y cedan su lugar a las máquinas. Y, tras haber deliberado que contribuiría con todo su poder al progreso de este nuevo orden de cosas, propone, por ahora, tres premios para los que inventen las tres máquinas abajo descritas.

El objetivo de la primera será que haga las veces y la persona de un amigo, que no critique ni escarnezca al amigo ausente, que no deje de defenderlo cuando oiga que lo reprenden o que se ríen de él, que no anteponga su fama de agudo y de mordaz y el deseo de obtener la risa de los hombres al deber de la amistad, que no divulgue el secreto que se le ha confiado[16] por tener materia de la que hablar o de la que presumir o por cualquier otra razón, que no se valga de la familiaridad y de la confianza del amigo para suplantarlo o sustituirlo con más facilidad, que no envidie las ventajas de aquel, que se preocupe de su bien y de reducir y reparar sus daños, que esté dispuesto a responder a sus peticiones y a sus necesidades con algo más que palabras. Con respecto a las demás cosas que se deben tener en cuenta para componer este autómata, se atenderá a los tratados de Cicerón y de la marquesa de Lambert[17] sobre la amistad. La Academia cree que la invención de esta máquina no debe ser considerada ni imposible ni muy difícil, dado que, dejando aparte los autómatas de Regiomontano, de Vaucanson[18] y de otros, y el que en Londres dibujaba figuras y retratos, y escribía lo que cualquiera le dictaba, se ha visto a más de una máquina jugar al ajedrez por sí misma. Además, a juicio de muchos sabios, la vida humana es un juego, y algunos afirman que es incluso más leve y que, comparado con los demás, el juego del ajedrez es más razonable y que los azares que lo rigen están ordenados de modo más prudente que los de la vida. Y si, además de eso, esta no es, según un dicho de Píndaro,[19] algo más sustancial que el sueño de una sombra, bien puede realizar esto un autómata. En cuanto al habla, parece que no se puede poner en duda que los hombres tienen la facultad de dársela a las máquinas que fabrican, pues esto lo conocemos por varios ejemplos y, en particular, por lo que se lee de la estatua de Menón[20] y de la cabeza fabricada por Alberto Magno,[21]  que era tan locuaz que Santo Tomás, habiendo llegado a odiarla, la rompió. Y si el papagayo de Nevers,[22] a pesar de ser un animalillo, sabía responder y hablar con coherencia, cuánto más no se va a creer que pueda hacer esto mismo una máquina ideada por la mente del hombre y construida con sus manos, la cual ya no será tan parlanchina como el papagayo de Nevers y otros similares que se ven y oyen todo el día, ni como la cabeza hecha por Alberto Magno, pues no le conviene fastidiar al amigo e impulsarlo a que la destroce. El inventor de esta máquina recibirá como premio una medalla de oro de cuatrocientos cequíes de peso que, por un lado, presentará las imágenes de Pílades y de Orestes[23] y, por el otro, el nombre del premiado con el lema PRIMER VERIFICADOR DE LAS FÁBULAS ANTIGUAS.

La segunda máquina será un hombre artificial de vapor, preparado y ordenado para que realice empresas virtuosas y magnánimas. La Academia piensa que los vapores, pues no parece que se encuentre otro medio, deben servir para estimular a un autómata y para guiarlo a la práctica de la virtud y de la gloria. El que emprenda el diseño de esta máquina, que vea los poemas y cantares épicos, con los cuales se deberá aleccionar para saber las cualidades y trabajos que se requieren de este autómata. El premio consistirá en una medalla de oro de cuatrocientos cincuenta cequíes de peso, en una de cuyas caras se representará alguna imagen significativa de la edad de oro y, en el envés, el nombre del inventor de la máquina con este lema sacado de la cuarta égloga de Virgilio, QUO FERREA PRIMUM DESINET AC TOTO SURGET GENS AUREA MUNDO. [24]

La tercera máquina debe estar preparada para hacer los trabajos de una mujer que sea conforme a la imaginada, en parte, por el conde Baldassar Castiglione, quien describió su concepto en el libro de El Cortesano, en parte, por otros que trataron de ello en varios escritos que se encontraránn sin dificultad y que tendrán que ser consultados y respetados, lo mismo que el del Conde. Tampoco la invención de esta máquina debe parecerles imposible a los hombres de nuestro tiempo, si piensan que Pigmalión,[25] en tiempos antiquísimos y desconocedores de las ciencias, pudo fabricarse a su esposa con sus propias manos, de la que se piensa que fue la mejor mujer que haya existido hasta el presente. Se asignará al autor de esta máquina una medalla de oro del peso de quinientos cequíes, en una de cuyas caras figurará el árabe ave fénix de Metastasio[26] sobre una especie de planta europea y, en la otra, se escribirá el nombre del premiado con el lema INVENTOR DE LAS MUJERES FIELES Y DE LA FELICIDAD CONYUGAL.

La Academia ha decretado que los gastos que ocasionarán estos premios se suplan con lo que se encontró en el saquillo de Diógenes,[27] quien fue secretario de esta Academia, o con uno de los tres asnos de oro que poseyeron tres académicos silógrafos, a saber, Apuleyo, Firenzuola y Maquiavelo,[28] cosas que heredaron los silógrafos por testamento de los mismos, como puede leerse en la historia de la Academia. 

 

[13] Compuesta en Recanati, entre el 22 y el 25 de febrero de 1824.

[14] Los silógrafos son escritores de «silloi», composiciones satíricas griegas. Esta academia no existió nunca, es una metáfora irónica de la sociedad del progreso.

 [15] Casti, Animales hablantes, XVIII, 106: «de los afortunados siglos en que estamos».

[16] El retrato del amigo fiel es un calco de Horacio, Sátiras, I, 4, vv. 81-86

[17]  Laelio o sobre la amistad de Cicerón y Tratado de la amistad de Anne de Lambert.

[18] Johann Müller (1436-1476), conocido como Regiomontano, y Jacques de Vaucanson (1709-1782) fueron famosos constructores de autómatas.                 

[19]  Píticas, VIII, vv. 135-136: «¡Seres de un día! ¿Qué es uno? ¿Qué no es? El hombre es / El sueño de una sombra.»

[20] A Menón, rey de Etiopía, hijo de la Aurora, se le erigieron grandes estatuas que, cuando eran golpeadas por los rayos, emitían un sonido, según Estrabón.

[21] Filósofo alemán (s. XIII), maestro de Santo Tomás, que inventó algunos autómatas.

[22] “Véase el Vert-Vert de Gresset “. (N. del A.)

[23] Orestes, hijo de Agamenón, y su amigo y primo Pílades vengaron la muerte de Agamenón. La amistad de ambos fue ejemplar, de ahí que se acompañaran y ayudaran en multitud de empresas.

[24] Bucólicas, IV, vv 8-9: «con quien la raza de hierro / comenzará a declinar, mientras surge la de oro doquiera» (Virgilio, Bucólicas, trad. de Vicente Cristóbal, Cátedra, Madrid, 1996, p. 141).

[25] Rey mitológico de Chipre y escultor insigne. Rechazó el amor para consagrarse a su arte, pero se enamoró de una de sus estatuas, a la que, Afrodita, compadecida de tanto amor, le dio vida.

[26] Cfr. Metastasio, Demetrio, acto II, escena 3: «Es la fe de los amantes / tal el árabe ave fénix; / que existe, todos lo dicen; / dónde está, nadie lo sabe.»

[27] Alusión jocosa a la absoluta pobreza de Diógenes, filósofo cínico del s. IV a. C.

[28] Apuleyo escribió una obra con dicho título, El asno de oro; Firenzuola, una versión de la misma; Maquiavelo, el poema satírico Del asno de oro.

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