Página dedicada a mi madre, julio de 2020

3. Bhad-ārayaka-upanishad, (de II, III y IV)

II, 4, 14. Allí donde hay dos, uno ve al otro, uno escucha al otro, uno interpela al otro, uno piensa en el otro. Pero cuando todo se ha convertido en yo, el ātman de alguien, entonces ¿/por qué y quién eso/ quién y por qué podría ver eso? ¿Quién y por qué podría oír eso? ¿Quién y por qué podría interpelar a eso? ¿Quién y por qué podría pensar en eso? ¿Quién y por qué podría conocer eso? Eso por lo que lo conocemos todo, ¿por medio de qué podríamos conocerlo? Al conocedor, ¿por medio de qué lo conoceremos?

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III, 4, 2. Este Brahman, este  ātman que está en todas las cosas, revélamelo  – Es tu propio ātman el que está en todas las cosas – ¿Y qué es este ātman que está en todas las cosas? – Tú no puedes mirar al que ve /la visión/ al vidente. Tú no puedes oír al que oye /la audición/ al oyente. Tú no puedes pensar en el que piensa /el pensamiento/ en el pensador. Tú no puedes conocer al que conoce /el conocimiento/ al conocedor. He aquí lo que es tu propio ātman, que está  en todas las cosas. El que no es él, el que es otro, no es sino desamparo.

III, 7, 15, (y parte de 22-23). El que, residiendo en todos los seres, es diferente a todos los seres, al que los seres no conocen, cuyo cuerpo son todos los seres, que /desde el interior actúa/ desde el interior /acciona/ dirige a todos los seres, ese es tu ātman, /el agente/ el dirigente interno, el inmortal. He ahí el punto de vista de los seres. Y he aquí el punto de vista del yo. El que, residiendo en el conocimiento, es diferente del conocimiento, al que el conocimiento no conoce, cuyo cuerpo es el conocimiento, que desde el interior /acciona/ dirige el conocimiento, ese es tu ātman, /el agente/ el dirigente interno, el inmortal. […]  El que no es visto y ve, el que no es oído y oye, el que no es pensado y piensa, el que no es conocido y conoce. No hay más vidente que él, ni más oyente, ni más pensador, ni más conocedor. Es él tu ātman, /el agente/ el dirigente interno, el inmortal. Todo lo que no es él, todo lo que es otro, no es sino desamparo.

III, 8,11. En verdad es este Eterno el que no es visto y ve, el que no es oído y oye, el que no es pensado y piensa, el  que no es conocido y conoce; no hay más vidente que él, ni más oyente, ni más pensador, ni más conocedor. Es verdaderamente este eterno el que es la trama sobre la que el espacio está tejido.

IV, 3, 21-32. Ahí se encuentra el estado que está más allá de todo deseo, que abole el mal, donde no hay temor. Como quien es estrechado por una mujer amada no conoce absolutamente nada ni fuera ni dentro de ello, así /la persona/ el espíritu, estrechado por el ātman espiritual, no conoce absolutamente nada fuera ni dentro de ello. Es el estado en el que el deseo es colmado, en el que no se desea más que el ātman, en el que no se desea, el estado que está fuera del sufrimiento.

Ahí, el padre no es padre, la madre no es madre, los mundos no son mundos, los dioses no son dioses, los Vedas no son Vedas. Ahí el ladrón no es ladrón, el abortador no es abortador, el asceta no es asceta. A él no le sigue el bien, no le sigue el mal; entonces está más allá de todos los sufrimientos del corazón.

Este ser que no ve es un vidente que no ve. El vidente no desaparece en el vidente que es, al ser indestructible; pero no hay una segunda cosa, otra cosa distinta y separada que pueda ver.

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Este ser que no huele ningún olor, etc.
Este ser que no gusta ningún sabor, etc.
Este ser que no habla, etc.
Este ser que no oye, etc.
Este ser que no imagina, etc.
Este ser que no toca, etc.

Este ser que no conoce es un conocedor que no conoce. El conocedor no desaparece en el conocedor que es, al ser indestructible, pero no hay una segunda cosa, una cosa distinta y separada que conozca.

Ahí donde hay alguna cosa de otro, ahí podemos ver al otro, sentir al otro, gustar al otro, expresar al otro, oír al otro, imaginar al otro, tocar al otro, conocer al otro.

Este ser que no siente ningún olor, etc.

Entre las aguas, un ser único, un vidente sin objeto, ahí está el mundo de Brahmā. Ahí está la vía suprema, el cumplimiento supremo, el mundo supremo, la felicidad suprema. Los otros seres viven de un átomo de esta felicidad.

IV, 4, 22 (fragmento) y 23. De él, el ātman, es necesario decir no, no. Inasible, no se le ase. Indestructible, no se le destruye. No unible, no se le une. No tiene cadenas, no tiembla, nunca es herido. /no es/ ni será sobrepasado por estos dos pensamientos: ahí he hecho el mal, ahí he hecho el bien; está más allá de lo uno y de lo otro. Ni la acción ni la omisión lo /apenan/ consumirán.

Es lo que dice esta estrofa:

Tal es la perpetua majestad del brahman;
Por los actos no aumenta ni disminuye.
Es necesario descubrir sus huellas. Quien conoce
No se manchará por las malas acciones.

Esa es la razón por la que quien sabe, al estar tranquilo, dominado, desapegado, paciente, contemplativo, ve el ātman; el mal no lo sobrepasa, él sobrepasa todo mal; el mal no lo consume, él consume todo mal. Lejos del mal, lejos de la pasión, sin incertidumbre, es un brahman.

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