Página dedicada a mi madre, julio de 2020

XVI

Recogerme en mi copa de montes: bañarme en mi única piscina,
Fluir hasta mí mismo como un Lago.
Inundándome de arriba abajo, río sin flujo ni raíz,
Cavar mi vivero a golpe de lagos;
Sin cesar otra vez bebido y recibido, con mis pilones alevines,
Mis jóvenes peces de sabores risueños;
Mi casco de cielo en la cabeza y mi circo duro que solo arroyan
Los juegos de los vientos interiores…
– Pero, mejor aún: con tu ejemplo, oh, Tíbet, rico en aventuras,
¡Que pueda imitar tu Yamdrok!1
Lago doble – ¡Lago! – dos veces engastado en su líquida investidura
Destilando sobre él su segunda agua.
Que pueda también, por hipérbole y secuencia camino del tercer poema
Traído de nivel en nivel,
Alcanzar la cima y, fuera de baremo,
Ser, – a la novena potencia
Y hasta la céntupla, en número creciente, sin rechazo,
¿Y así sucesivamente hasta el infinito?

1 Yamdrok: lago sagrado del Tíbet, al suroeste de Lhasa. 

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XVII

No es solo el horror y el vértigo de potencia
Lo que detiene tu mundo tibetano…
Ni esta austera y soberbia afrenta, ni este rubor de insolencia
Que traen tus frentes de elefante,
País rebelde y áspero lugar, – pero he aquí tu alto valle
Cercado, oh, desesperación, tan lejos.
Es la pradera inesperada, es el albergue claro, don y alegría de huésped,
Es el canto de las flores…
He aquí la cañada que conozco, – ¡Pradera cercada! Pradera alta,
¡Oh, sereno y florido, oh, dulce Tíbet!
Tienes cañadas que conozco, apenas inclinadas hacia la tierra
Campos inmóviles me esperan…
Musgos dulces y terrenos blandos donde brotan y tiemblan los arándanos,
Todo un bosque floral,
Un retiro, un sueño alto: un relicario de alegrías cercadas,
Cañada de los valles imperiales,
A pesar de que de rama en rama negra, como las guirnaldas de los años,
Vuelan lentísimas las usneas.

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XVIII

Se acercan… Se van. Vienen… Y desaparecen…
Caminantes surtidos de una palabra…
Este tropel hecho para hacer camino, estos mercaderes sin miedo ni pereza
Se van de un solo paso hacia Bhamo.1
Campanas que tocan y animales que mueren… Vienen y desaparecen…
Ruidos de sombras y palmas de camellos.
– Eso es todo, así es. Aquí estoy al borde del espacio con la flor cerrada
Como un mendigo del infinito.
Sin moverme, – sin morir – pero implorando del todo el himno sellado
Viandante del viaje no definido…
Acostado, tirado, durmiente, soñando: quién, pues, se pasea y forcejea.
¡Allí, Allí!, horadando la tienda o el muro:
No solo a mi alrededor, sino en mí solo, en mi dominio…
Pasa la Gran Caravana
Que no sube ni desciende, pero, de edad en edad soberana,
Se desliza, y corre la morrena
Sin fondo de este espantoso glaciar vertical y lanzado
Del tiempo.

1. Bhamo: ciudad de Birmania, importante enclave de las rutas comerciales entre la India y China hasta principios del siglo XX.

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XIX

Incluso allí arriba, incluso aquí abajo, busco enajenado a la Otra, la Otra:
La reina del reino de más allá.
En esta carrera desenfrenada, en este paraíso sin apóstol
El juego de lo diverso con ojos burlones.
Aquí ¿qué sería ella para ti?, tu clima y tus ásperos frutos,
¿Sabría morderlos con plenitud?
¿Qué diría ante ti, en este alto reino del espíritu…?
¿Se callaría y se inclinaría sobre el lecho?
No hablo de la aborigen de dulce vello en su piel,
Sino de la otra, la mía y fraternal,
La pálida, blanca, equívoca y tan similar en sus llamadas,
Paredra de una virtud maternal,
La hermana de sangre, de la misma sangre, de la misma virtud amorosa…
Oh, hermana en la fiesta incestuosa,
¿Qué diría en tu seno? ¿Sabría, armoniosa,
Callarse y, Allí abajo, vivir y gozar?

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XX

¡En vano!, ¡en vano!, y estoy allí: solo y Tú ante tu espectáculo,
Este lugar fijado firme por la mirada.
Para abrazarte así, Tíbet, a lo más alto de tus simulacros,
(Blanco, desnudo, dominado por un ojo azorado)
He hendido durante dos lunas y tantos soles de días y de auroras
El espacio que fluye sin ribereños.
¡He dado más saltos y cantos de amor y muerte en metáforas
De lo que se le permite al juego de mis riñones!
– Y he aquí: el momento es alto y la doy por muy cierta,
Amorosa hasta llorar de placer.
Soy el poseedor humano de un dios hecho Eva, la conquistada,
Dios virgen encarnado en mi deseo.
Que sea la hora. Que venga el instante. Que caiga la cima de alegría,
Y estalle el grito de profundidad.
Otro mundo tibetano brote del volcán de la caricia
Y reine en las cima de los impudores.
– En vano. En vano. Y estoy cansado. Solo y YO, – inclinado sobre ella:
Ella, zarpando su carabela.

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XXI

¿Dónde está el suelo, dónde el emplazamiento, dónde el lugar, – el medio,
Dónde el país prometido al hombre?
El viajero viaja y va… El vidente lo tiene ante sus ojos,
Donde está lo innombrable que se nombra:
¡Nepemako1 en el Poyoul2 y Padma Skod, Knas-Padma-Bskor
De rudas sílabas agregadas!
Diga, diga, monje errante, monje furioso, – una vez más:
¿Dónde está la Asiátida3 emergida?
Demasiadas veces he ceñido, doblado los contornos del mundo inundado
Donde ni corazón ni pájaro se posa.
¿Dónde está el fondo? ¿Dónde está el monte amontonado de apoteosis,
Donde vive este amor inabordable?
¿En qué acogida presentirlo, – en qué escollo reconocerlo?
¿Dónde reina el dios siempre por nacer?
¿Es en ti mismo o más que en ti, Polo-Tíbet, Emperador-Uno?
¿Dónde arde el Infierno prometido al Ser?
El lugar de gloria y de saber, el lugar de amar y de conocer,
– ¿Dónde yace mi reino Terrestre?

1. Nepemako: reino legendario del Tíbet cuya existencia fue revelada por Padma Sambhava, de ahí los otros nombres citados a continuación (Padma Skod y Knas-Padma-Bskor).
2. Poyoul: reino del Tíbet entre Lhasa y China.
3. Asiatide: término creado por el poeta.

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