Página dedicada a mi madre, julio de 2020

PO-YOUL

XLVIII

Y es así, Tíbet numeroso, como se acompasan y se cuentan tus apoteosis…
Como campanas, tus grandes nombres repican… Como marcas en el                                  [tiempo…
Oigo los fantasmas de To-Bod, Alto Tíbet, el monte inaccesible; ese hacia                          [el que nos levantamos y que os lleva y os engrandece…
To-Bod, y Lhasa, Lhasa, la ciudad a la que no llegábamos, a la que                                        [llegamos…
El nombre del lugar y el castillo, la tierra y su ciudad señora,
Lhasa, ¿ahora quién adelantará? –
Los vasallos y los animales, los abundantes dioses radiantes, todos los seres                        [y las criaturas…
Los hombres han nombrado el nombre de Bod.
Y Lhasa, tierra de espíritus, – he aquí el lugar de las criaturas, los hombres                            [que invocan, el Espíritu errante…
Y animales, dioses, y dioses y hombres juntos han hecho estos dominios –                             [estos dos cantos de un único libro inhumano. Monjes que                                 [reinan y habitan, viajeros que suben con esfuerzo… – Todos                             [han alcanzado al menos la muerte… al menos la mortaja en la                           [nieve…
– Pero más lejos que Bod y Sa, más altiva que la esperanza de los Bod-Pa… Reina la región tibetana…

– La que no se alcanza caminando, la que…
¡Poyoul! ¡Poyoul, objeto de los montes! Así se construye y se alza un poema:
Objeto – Maleficio – y renunciando…
To-Bod, Lhasa y el territorio inefable1
Así se reparte el Poema.

1. el territorio inefable es Poyoul. En la secuencia siguiente, «territorio desconocido».

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XLIX

¡Hemos ido a esos lugares! Hemos puesto el pie en el treno… – He aquí que                             [un dios no ha bastado…
He aquí ya los dos cantos nombrados: To-Bod y Lhasa… To-Bod mismo…
Uno toca la trompa de los rumores…
Hombres que han corrido alto han superado la investidura
Invistiendo tu monte con su monte
¡To-Bod – Lhasa! Lhasa To-Bod, campana que repica – himno que glorifica
He aquí el gran cielo de nunciatura
¡Pero el territorio desconocido! El país dueño desde donde no nace
Ni siquiera una mirada o…
Ese que sabemos que es todo blanco, todo calor y virgen en orden
Ese desde donde los…

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L

Eres más alto que tu leyenda, castillo de alma exaltada,
Más alto de lo que pensamos de ti.
Esos hermosos relatos que sobresalen… Este arabesco coronado…
No alcanzan el borde de tu techo.
Te descubrimos, nos paseamos describiendo nuevos reinos
Cortando tu país con su palmo
Y el primero, ese frigio, Heródoto, invocador de las nomos,1
¡Viejo griego que sonríe como egipán!
Te creía todo poseído por el hormiguero gigante
¡Tu miel metálica era Oro! 2
Tan pronto robado, llevado por tribus muy simples
Y después de su tiempo, y desde entonces,
Ibn Batoutah3 se fue totalmente solo, de África al mar demente,
¡Citando solo tu Tengri-Noor! 4
«País de la Gacela que crea el almizcle en celo oloroso y sin tregua…»
– ¡Todos! Todos, de tu nieve a tus neveros,
En ti, en ti, ponían su fe, dedicándote sus más altos sueños,
Que quizás tú habías soñado.

1. nomos: subdivisiones administrativas de Egipto.
2. Una leyenda, recogida por Heródoto en la Historia, cuenta que en el noroeste de la India había unas hormigas gigantes que extraían el oro de la tierra.
3. Ibn Batoutah: viajero bereber que recorrió China en el siglo XIV. En sus relatos se habla de las «gacelas que crea el almizcle».
4. Tengri-Noor: lago sagrado del Tíbet. Llamado también Namtso.

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LI

Estoy colmado, tan alto, todo en mi cuerpo de hombre respira
– Pero quién me deforma y penetra y niega…
Ante tus montes, en tu cima, ciñendo tu investidura
– Pero qué me conjura y perjura…
Te he vencido, Tíbet soberbio, ¡oh, mi poema!, ¡oh, mi revuelo!
– Te he abrazado en tu soberbia
Tanto como un hombre puede gozar, me he fundido en tu hielo
– Pero qué me queda inquietante por huir…
Estoy muy alto, ya no tengo miedo; me he hecho incluso príncipe, lama                                    [y yak y nieve y pico…
– Pero la Otra que permanece lejos de mí…
Dominándote, penetrándote, pretendía, oh, diadema,
Coronarme rey del mundo…
Te cojo y te tengo… Estaba dominado por tu ser
– Pero quién se rebela y se disloca
Había concebido, por tu amor, llegar a conocerla
A la Otra, la alegría o el porvenir…
Te poseo, ¡oh, mi objeto! Te he vencido, ¡oh, mi poema!
Y la otra huye y me sonríe
Con esa mirada y ese fuego en todo su rostro supremo
– Pero dónde encontrarla ahora
Está hecho, todo está hecho, y espero,- he dicho todo está dicho, y muero
– Pero quién soñaría con matarla…
La que se caza y se persigue, la que se desea y se llora,
– Pero ¿quién sabría acostumbrarla?

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LII

En el exaltante ruego, y esta ardiente letanía,
Tíbet, que consumes mis rodillas,
Tú que dominas, no omites en esta doble Gemonías
A la que tanto nos necesita.
En mi ternura por lo alto, no descuides a la suprema
A la que es nuestro gran ardor…
Por su poder y por el tuyo, dame la redonda diadema
La que…
En toda…
La que tanto languidece por nosotros…
En la soledad… en…
La que está sola lejos de nosotros.
En tus poderes de muerte y de noche, no omitas en…
Esa por la que morimos de rodillas.
La reina de las cimas de carne, y el gran horno en el que todo se consume
La hija naciendo en el seno del hombre.

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LIII

Pero ¡qué son sueños y tus dioses!, ¡qué son afanes de poetas,
Tíbet, al lado de tus cimas!
Qué imaginario alumbrado en las montañas y en las crestas
Estalla y reina a costa de tus…
Los éxtasis más infantiles, las más celestes aventuras
Suben con dificultad a tus juntas…
¡El hombre desea y luego muere! El hombre quiere y no hace… el hombre                     [aspira.
Tú solo, en lo más alto… eres.
Que los otros escaladores cabalguen palabras en sus sueños,
Yo subo golpeando tu suelo crujiente
O aunque en el aire se esfuerzan los himnos que suenan la maravilla
Marco el caballete
Trampolín de la tierra, castillo firme, – único monte que en el diluvio                              [de lodo
Se yergue, accesible y diadema…
Cuando todo haya muerto…

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